viernes, abril 03, 2009

Viajes (I): Camino de Santiago

Hacía demasiado tiempo que no me pasaba por aquí a poner algo. De ahora en adelante iré poniendo partes de un proyecto que tengo en marcha y que espero que algún año pueda salir a la luz ^^. Es la transcripción de las vivencias y experiencias que tuve el año pasado cuando decidí, junto a mi buen amigo Tolo, ir a recorrer una parte del Camino de Santiago. Fuimos de Roncesvalles a Burgos, 270 kilómetros de gratas situaciones. Espero que os guste, ahí va la primera parte:

"Y al fin los pies doloridos y ardientes, las caderas desencajadas, han llegado a la meta



El sudor les resbalaba por la frente, apenas les sostenían las piernas y les dolían los pies . Llevaban centenares de kilómetros acumulados y esos últimos metros eran un calvario. Las estrechas callejuelas del centro de la ciudad serpenteaban, subían y bajaban, hasta que al fin, tras tantas penurias, desembocaban en la majestuosa plaza. Ante los exhaustos caminantes se alza la imponente catedral, objetivo de miles y miles de personas y que después de tanto esfuerzo al fin consiguen alcanzar. La doble escalinata invita a entrar en el templo, pero hay que tomar un respiro y deleitarse con la escena, la plaza abarrotada de gente de todas las procedencias, peregrinos y simples turistas observan aquella maravilla arquitectónica que parece envolverles, ya no sólo la catedral sino el majestuoso hostal de los Reyes Católicos y las espléndidas arcadas que parecen oponerse al templo y desde donde muchos aprovechan para intentar obtener una fotografía con la que recordar ese momento.


Así llegan los peregrinos a Santiago de Compostela, a la plaza del Obradoiro donde se halla su ansiada meta. Gentes de todos los rincones del mundo quieren recibir la Compostela con la que certificar que han finalizado el camino.


Con esta estampa se fraguó y forjó una de las mejores experiencias de nuestras vidas.


Hay muchos viajes que se emprenden por que sí, sin motivo, otros empiezan por hastío, con ganas de salir de la rutina y ver cosas nuevas, y otros que empiezan porque sabes que estás destinado ha hacerlo.


Esta es la historia de un viaje que se fraguó hace unos años, es la historia de una peregrinación.


Todo empezó en Salamanca en el año 2007 allá por el mes de mayo. Dos jóvenes que decidieron hacer un viaje a esta hermosa ciudad, ven con admiración cómo uno tras otro los peregrinos llegan a la ciudad siguiendo la Ruta de Plata hasta la ciudad de Santiago de Compostela.

En ese momento se encendió una llama, sabían que un día no muy lejano ellos harían la misma peregrinación.


Y así fue, un año después, ya estaban en plenos preparativos para emprender esa gran marcha que les llevaría por gran parte del norte de España....


Para iniciar una aventura de tal calibre es preciso prepararse, entre Tolo, mi amigo de peregrinaje y yo decidimos idear un programa de entrenamientos destinados a dotarnos le la forma física necesaria para afrontar las dos semanas de periplo. Fue algo difícil mantener la constancia, pero gracias a Juanma que venía con nosotros y forzaba a seguir con el entrenamiento, cada día nos exprimíamos para llegar más lejos y más rápido.


El paseo marítimo hacía las veces de pista de atletismo. Con la primera zancada los músculos se tensan y catapultan hasta la siguiente y así una detrás de otra, nos impulsábamos hasta llegar a nuestro objetivo. La catedral vigilaba nuestra carrera, no la perdíamos de vista en ningún momento, tan sólo cuando llegábamos al Club del Portixol y el olor de los mariscos a la plancha nos embriagaba, desaparecía tras los edificios de primera línea de la playa. Cuando ya no podíamos más parábamos para descansar unos minutos, dábamos media vuelta y volvíamos como habíamos venido, impulsando nuestro cuerpo tan rápido como antes y así durante dos meses, tiempo que pensábamos tendría que ser suficiente para recorrer los 270 kilómetros que nos esperaban . Dos semanas antes de partir decidimos hacer una última prueba, fuimos a correr por el bosque del Castillo de Bellver, ese día nos acompañaban Juanma, cómo siempre, y Dani, que nos serviría para saber nuestro estado físico, pues imprime un ritmo muy alto en las excursiones y es muy difícil, si no imposible seguirle. La cosa empezó bien, llevábamos un ritmo alto y el terreno irregular hacía que la carrera fuese animada, ya que debías de estar atentos a cualquier obstáculo. Todo iba de maravilla hasta que en un pequeño sprint oí un sonido que provenía de mis piernas que me llevó a pensar en lo peor. Mi rodilla izquierda había dicho basta, se negaba a continuar, tuve que pararme en seco, para cuando levanté la cabeza ya no quedaba nadie a la vista, desandé lo que habíamos recorrido, gracias a Dios no fue mucho tramo. Al día siguiente vi que no era algo temporal, no podía caminar. Por la tarde fui al hospital. Con la radiografía en la mano el médico de urgencias me dijo que sufría un esguince de rodilla.
-Has tenido suerte y la lesión no es grave, pero debes guardar reposo durante un tiempo.
-Pues tenemos un problema, en dos semanas tengo programado iniciar el Camino de Santiago.
-No te diré que no lo hagas....
-Pero no debería ¿verdad? -terminé la frase
-Efectivamente, pero mira, intentaremos algo, durante dos semanas guardarás reposo, es decir nada de ejercicio aunque si vida normal. Lleva una rodillera durante la primera semana. y además tómate dos de estas pastillas diarias. Procura no forzar la rodilla y cuando regreses del viaje ven de nuevo.
Y así lo hice, durante la primera semana llevé la rodillera y el dolor fue remitiendo, aunque no sería la última vez que la rodilla se resentiría.
Aún así no toda la preparación debía limitarse al aspecto físico, también teníamos que decidir que llevar de equipaje. Sabíamos que este tenía que ser ligero, solo lo esencial, pues había que cargar con todo eso dos semanas seguidas. Así que decidimos coger muy poca ropa. Además lo imprescindible en excursiones, el saco de dormir, impermeables y la cámara de fotos. Una de las cosas que si pensamos llevar fue la consola portátil, suponíamos que las tardes se harían muy largas después de toda una jornada de caminata. Al final cargamos con diez kilos de equipaje lo que se nos antojó poco peso, aunque luego vimos que era excesivo. Mucha gente comprobaba hasta cuantos gramos les pesaban los calcetines......


Con esos preparativos y mucha ilusión nos dispusimos a partir hacia nuestra línea de salida: Roncesvalles."

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