martes, febrero 13, 2007

Partida D&D

Generalmente los domingos tengo partida Dungeons & Dragons y visto que són digamos que.... interesantes, sorprendentes, ridículas he decidido ir poníendolas por aquí para que la gente que me visita (·······#········) pueda leerlas. Bueno tan solo decir que yo llevo a un bárbaro semi-orco, la situación es que estamos en el segundo piso de una mazmorra que no sabemos cómo hemos llegado allí. Espero que os guste ^^:
Una bruma envuelve nuestra mente, después de haber vagada sin rumbo por pasillos sin fin, enfrentarnos a dragones y ogros, llegamos a una sala donde había una estatua de una araña sonriente, después de eso ya no recuerdo nada más. Cuando consigo despertar me encuentro en una pequeña sala rodeado de los mismos inútiles de siempre (la próxima vez miraré mejor con quien me junto). En el suelo enbalsodado, otra vez la cara de esa diosa araña, pero lo más extraño es encontrar una ocarina, al paso que vamos podremos montar una orquesta con los instrumentos que hay por aquí. Salimos por la puerta de la derecha, menos mal que el elfo comprueba las puertas (con algo de suerte activa alguna trampa y muere), Con la formación de siempre seguimos avanzando, el enano a mi lado, los elfos detrás y por último el “rayo” del clérigo (creo que lo que fuma no es tabaco, porque si no, no se explica su estado mental). Entramos en una pequeña sala donde casi ni cabemos, así que optamos por seguir por la puerta que tenemos en frente. Qué buena elección, no hay nada mejor para empezar el día que dos Boas Gigantes. La lucha es encarnizada, mientras los dos elfos se dedican a tirarle flechas a la primera, con el riesgo que hay de que nos den…, el enano y yo nos jugamos el pellejo.
Estas bestias son duras de pelar, los tajos y golpes son profundos, pero aún así no parece que les hagan efecto, en cambio sus mordiscos y golpes los noto cada vez en todo mi cuerpo, me estremezco con cada dentellada. El clérigo está atento y nos sana, menos mal que esta vez estaba cerca. Tras un largo rato de pelea conseguimos acabar con ellas, ha venido bien hacer ejercicio. Después de apartar los cadáveres podemos fijarnos más en la sala, en al pared de enfrente hay un gran mosaico con una serpiente (la gente que construyó esto está muy mal de la cabeza), además de haber un sarcófago con un candelabro encima. Entre el enano y yo intentamos levantar la tapa del sarcófago, pero no se abre, seguimos haciendo fuerza hasta que la losa empieza a crujir, entonces el pícaro tiene la feliz idea de mover el candelabro, lo cual abre la tumba. Dentro no hay más que ratas royendo los huesos de un hombre muerto hace mucho tiempo, lo más raro es que ese esqueleto tiene cola, lo que no veamos por aquí no lo veremos en ningún lugar.

Seguimos por la puerta de la izquierda, el combate anterior nos ha dejado secuelas, no sé como nos irán las cosas si nos encontramos con algo parecido a las Boas. Entramos en una sala, que como todas las demás es minúscula, en forma de L, con cuatro bichos gelatinosos, no suponen un gran problema de dos tajos acabo con dos de ellos y el enano se encarga de los otros dos, es como un paseo por el campo. Vamos por la puerta que tenemos a la derecha, pero esta vez el elfo no hace su trabajo y el enano resulta herido con una flecha que sale de la cerradura, por suerte la herida no es mortal. Esa puerta da a un pasillo que gira a la izquierda y después de caminar un poco nos encontramos una puerta que abre el guerrero.

La estampa que vemos es muy bonita, dos orcos y un jabalí enorme, lástima que al primer golpe caiga al suelo, sólo veo sangre, creo que de esta no podré salir vivo. A mi alrededor solo oigo gritos y golpes, no siento nada, afortunadamente el clérigo me sana y vuelvo a estar listo para la acción, aunque al paso que vamos tendremos que buscar otro curandero, porque el manco del enano acaba de destrozarle la cara al sacerdote. Aunque aún respira cómo no se arregle eso no durará mucho, lo malo es que al pícaro le han entrado ganas de saltar a la gente, primero salta por encima del enano, luego esquiva al jabalí como puede y para rematar las cosas dispara…. AL MAGO!!!!! y le clava una flecha en el cuello. Creo que no hace falta ir en busca de enemigos, nos bastamos nosotros solos para hacernos daño. Después de este lamentable incidente conseguimos reducir al jabalí, y visto lo visto decidimos descansar, ya que con este ritmo no llegamos vivos ni a mañana.

El pícaro y yo hacemos las guardias, durante ese tiempo no pasa mucho, tan solo una hormiga anormalmente grande y perro perdido con los que acabamos fácilmente. Lo malo viene cuando despertamos, para empezar lo que oímos no suena demasiado bien y lo que vemos es peor, el esqueleto reanimado de un troll viene a por nosotros. Ya que la sala es muy pequeña sólo podemos combatir el pícaro y yo, aunque eso queda resuelto rápidamente, porque después de nuestras primeras acometidas el troll nos derrota, otra vez todo es negro y rojo. Según nos ha contado el sacerdote, el mismo con la ayuda del enano han acabado con la abominación, nos curamos las heridas y seguimos nuestro camino hasta una sala sin nada excepto una cuerda y una vela, decidimos ir por la puerta de la izquierda que nos conduce a un vestíbulo sin nada con una puerta enfrente, que se comunica con otra sala vacía menos por las cartas en el suelo, una antorcha y carbón. Seguimos adelante por un pasillo, abrimos la puerta de la derecha, y otra sala vacía, continuamos por la puerta de al izquierda de la sala que nos lleva a un pasillo con otra puerta a la izquierda, al abrirla un hedor nauseabundo nos paraliza al pícaro y a mi, mientras los otros tres se enfrentan a 4 lagartijas a dos patas. La cosa no dura mucho, aunque siempre es una lástima perderse la diversión……